Domingo Rodríguez Lázaro, presenta una colección que conecta la estética de los años 80, marcada por siluetas audaces, proporciones exageradas y una actitud irreverente, con la tradición textil y simbólica del traje tradicional coreano. A partir del análisis de sus volúmenes, construcciones y armonía de capas, el diseñador reinterpreta estos códigos desde un enfoque contemporáneo e híbrido. La propuesta se articula en la convivencia de lenguajes opuestos, equilibrando un maximalismo extremo, cargado de volumen y ornamento, con una vertiente más depurada y funcional.
Las piezas parten de composiciones geométricas de cuadrados trasladadas al cuerpo mediante el raso, que intensifica el brillo y los contrastes visuales. El volumen cobra protagonismo en prendas de fuerte impacto, como calentadores y chaquetas realizadas en pelo, junto al uso de plumas que aportan ligereza y dinamismo. Como contrapunto, aparecen chaquetas tipo Harrington de líneas limpias y una paleta suave en marrones, blanco roto y rosa. Tules con lentejuelas y estampados importados de Corea completan una propuesta donde exceso y contención conviven, reafirmando la identidad experimental y técnica de la firma.
