Carlota Barrera explora la intimidad como un espacio de tensión. Aquello que está más cerca del cuerpo, lo que permanece oculto y lo que sucede cuando se muestra. La colección estudia la línea entre lo privado y lo público, y cómo la exposición se convierte en un lenguaje en sí mismo.
Los códigos de la lencería se aplican desde una perspectiva de sastrería y diseño masculino: tirantes ajustables, tejidos transparentes, cierres ocultos y estructuras internas llevadas a la superficie. Pespuntes que imitan costuras de medias, galones de esmoquin que recuerdan a cierres de sujetador, cintas sueltas que sugieren ligueros. Estas intervenciones no suavizan la sastrería masculina, sino que reformulan su estructura, abriendo una conversación sobre seducción, vulnerabilidad y control. El tejido se convierte en una segunda piel, y la estructura en gesto.
La colección continúa la misión de la marca: cuestionar qué es la moda masculina y qué puede llegar a ser. Situada entre las categorías de formal/informal, visible/invisible, masculino/femenino, esta colección abraza la ambigüedad, la artesanía y una forma sutil de transgresión.
